La noche en que Cachopo encontró el libro

Hubo un tiempo en que Cachopo no era el guardián del bosque.

Era joven.
Curioso.
Y volaba de árbol en árbol buscando comprender el mundo.

Le gustaba escuchar a los caminantes, observar a los animales y preguntarse por qué todos parecían repetir los mismos errores.

Una noche sin luna, mientras el bosque dormía, Cachopo regresó a su rama favorita.

Entonces lo vio.

Un libro descansaba sobre la madera antigua.

 

No había huellas.
No había nadie alrededor.

El bosque estaba en silencio.

Cachopo se acercó con cautela y abrió la primera página.

El libro estaba completamente vacío.

Excepto por una sola frase escrita en la primera hoja.

“Quien aprende a mirar sin juzgar
descubrirá que cada vida es una historia.”

Cachopo levantó la mirada.

Por un instante creyó sentir una presencia que no podía ver…
algo antiguo, sereno, imposible de nombrar.

 

El viento pasó entre los árboles.

Nada más ocurrió.

Pero esa noche el joven búho comprendió algo.

El mundo estaba lleno de historias que nadie se detenía a guardar.

Desde entonces, Cachopo volvió cada noche a esa misma rama.

Observaba.
Escuchaba.
Y escribía.

Con los años, su libro dejó de estar vacío.

 

Y el bosque comenzó a llamarlo de otra manera.

El guardián de los relatos.


Moraleja

Quien observa la vida con paciencia
termina aprendiendo más que quien sólo quiere explicarla.


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