Una mañana, Cachopo encontró una bifurcación en el bosque.

Había dos senderos.

Uno era amplio, recto y bien conocido. Las huellas de cientos de animales marcaban claramente el camino.

El otro era estrecho y desaparecía entre la niebla.

Nadie parecía haber pasado por allí en mucho tiempo.

Intrigado, Cachopo decidió pedir consejo.

Preguntó al zorro.

Preguntó al castor.

Preguntó al ciervo.

Preguntó al cuervo.

Todos coincidían.

—Toma el camino ancho.

—Es el más seguro.

—Es el más fácil.

—Es el más razonable.

Cachopo escuchó atentamente.

Aquellos consejos tenían sentido.

Mucho sentido.

Sin embargo, mientras observaba los dos senderos, notó algo extraño.

Desde el camino cubierto por la niebla llegaba una brisa suave.

No era más fuerte.

No era más cálida.

No era más agradable.

Pero parecía llamarlo.

Intentó ignorarla.

Volvió a preguntar.

Buscó más opiniones.

Más argumentos.

Más razones.

Pero cuanto más escuchaba a los demás, más presente sentía aquella brisa.

Finalmente acudió al viejo roble.

El árbol llevaba allí tanto tiempo que nadie recordaba cuándo había comenzado a crecer.

—Dime cuál es el camino correcto —preguntó Cachopo.

El roble guardó silencio durante varios minutos.

Luego respondió:

—No lo sé.

—¿Cómo que no lo sabes?

—Porque el camino correcto para todos no siempre es el correcto para ti.

Cachopo observó ambos senderos.

El ancho.

El seguro.

El conocido.

Y luego el que desaparecía entre la niebla.

Durante mucho tiempo permaneció inmóvil.

Hasta que hizo algo que nunca había hecho.

Dejó de preguntar.

Y comenzó a escuchar.

No al zorro.

No al castor.

No al cuervo.

No al ciervo.

A sí mismo.

Entonces siguió el sendero cubierto por la niebla.

Nadie supo adónde llegó.

Pero quienes lo vieron partir aseguran que jamás volvió a caminar con dudas.


🍂 Tras las hojas del bosque…

Esta fábula se inspira en el espíritu del movimiento alemán conocido como Sturm und Drang (Tormenta e Ímpetu), surgido a finales del siglo XVIII.

Frente a una época que confiaba casi exclusivamente en la razón, los jóvenes escritores y pensadores de este movimiento defendieron la importancia de la emoción, la libertad, la creatividad y la autenticidad personal.

Para ellos, no todo lo verdadero podía demostrarse mediante argumentos. Algunas decisiones fundamentales nacen de una voz interior difícil de explicar, pero imposible de ignorar.

El sendero de Cachopo simboliza precisamente ese momento en que una persona debe elegir entre el camino que todos consideran correcto y aquel que siente como propio.

A veces la sabiduría consiste en escuchar a los demás.

Y otras veces consiste en escuchar el viento que sopla dentro de nosotros.


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