Llegó al claro con paso seguro.
Traje impecable.
Sonrisa perfecta.

No parecía faltarle nada.

Hablaba de todo:
de éxito, de placer, de tendencias…
pero nunca se detenía en nada.

Si algo incomodaba, cambiaba de tema.
Si algo exigía esfuerzo, lo llamaba exageración.
Si algo dolía… lo convertía en broma.

Vivía bien.
Vivía fácil.
Vivía… ligero.

Un día, sin embargo, el ruido se apagó.
No hubo música.
No hubo distracción.

Solo quedó él…
con su sonrisa intacta
y un silencio que no sabía habitar.

Intentó llenarlo:
con palabras,
con planes,
con cualquier cosa.

Pero el silencio no se llenaba.

Y por primera vez entendió
que no le faltaba mundo…

le faltaba peso.

Porque quien evita todo lo que duele,
termina perdiendo
todo lo que importa.

No todo lo ligero… es libertad.

INSPIRADO EN EL LIBRO «el hombre light» de Enrique Rojas


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