Cachopo desplegó lentamente sus alas,
no para volar… sino para hacer silencio.
—Hubo una vez un hombre —dijo—
que no estaba conforme con lo que era.
No porque le faltara algo…
sino porque creía que debía ser más.
Viajó lejos.
Aprendió lenguas, oficios, costumbres.
Fue admirado por algunos…
y temido por otros.
Pero nunca descansó.
Porque cada lugar le mostraba
una versión distinta de sí mismo…
y ninguna le bastaba.
Un día, cansado de huir sin moverse,
regresó al punto donde había comenzado.
Y entonces entendió…
que no era el mundo el que lo confundía,
sino su empeño en no aceptarse
como había sido llamado a ser.
Cachopo guardó silencio.
Nadie preguntó nada.
Ni siquiera Xchangurro,
que por primera vez no movió sus tenazas.
Porque hay verdades
que no necesitan explicación…

solo tiempo.
“No todo viaje es para encontrar… algunos son para dejar de buscar.”

Deja un comentario