andaba por ahi volando en la costa de France y de repente me susurro algo el viento…
Dicen que el mar de Marsella susurra distinto cuando choca contra la piedra del castillo.
Cachopo lo comprobó una tarde: voló desde la costa hasta aquella fortaleza solitaria, buscando sombra y silencio.
Entre los muros agrietados oyó voces. No eran fantasmas —eran recuerdos.
Uno decía:
—Aquí el hombre aprendió que la libertad no está en romper los barrotes, sino en no dejar que te roben los sueños.
Cachopo inclinó la cabeza. En la celda más pequeña, encontró una inscripción casi borrada:
“El que espera con fe, cava túneles con el alma.”
El búho tocó la piedra con el ala, y una brisa le revolvió las plumas.
—Entonces no fue solo prisión —pensó—. Fue una escuela de esperanza.
Al volver a la ciudad, se posó sobre un farol frente al puerto viejo y miró las luces reflejadas en el agua.
Sabía que no todos los hombres eran prisioneros, pero que todos, alguna vez, necesitaban cavar hacia dentro para encontrar la salida.
Moraleja:
Hay murallas que se deshacen con una idea, y barrotes que se abren con la fe de seguir soñando.


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