Categoría: fabulas de la libertad.
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El Valle de los Susurros Suaves
En un valle donde nunca anochecía del todo, vivían criaturas que habían aprendido a no mirar demasiado lejos. El lugar era hermoso…árboles altos, ríos tranquilos, cielos siempre tibios.Pero había algo extraño:nadie hablaba de lo que dolía. En el centro del valle existía un mercado muy peculiar.Ahí se vendían cosas invisibles: — Olvidos ligeros— Verdades a…
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El caminante que descubrió sus huellas
Un caminante creyó que el mundo ya estaba hecho. Al entrar al Bosque de Cachopo, vio senderos bien marcados,piedras acomodadas como si alguien las hubiera pensado,y formas de andar que todos parecían seguir sin cuestionar. Observó a otros caminantes avanzar por los mismos caminos,detenerse en los mismos lugares,repetir las mismas costumbres. —Así son las cosas…
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El maestro que no daba respuestas
En el Bosque de Cachopo, una tarde llegó un maestro. No traía libros bajo el brazo,ni hablaba con voz solemne.Simplemente se sentó en una piedra y esperó. Poco a poco, los habitantes del bosque comenzaron a reunirse. Unos querían saber cuál era el mejor camino.Otros buscaban respuestas para sus dudas.Algunos sólo querían escuchar algo…
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Cuando la libertad dejó de pedir permiso
En el Bosque se hablaba mucho de libertad.Se pronunciaba con solemnidad, se compartía en murmullos orgullosos y se exhibía como medalla invisible.Todos decían poseerla.Pocos parecían ejercerla. Cachopo lo sabía.No porque lo hubiera leído en libros antiguos, sino porque llevaba años observando el mismo gesto repetido:alas abiertas… con miedo a volar. Una mañana, un ave joven…
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Cachopo y las paredes del Château d’If
andaba por ahi volando en la costa de France y de repente me susurro algo el viento… Dicen que el mar de Marsella susurra distinto cuando choca contra la piedra del castillo.Cachopo lo comprobó una tarde: voló desde la costa hasta aquella fortaleza solitaria, buscando sombra y silencio.Entre los muros agrietados oyó voces. No eran…
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El perro y la cadena rota
Un hombre recogió de la calle a un perro pequeño, de pelaje color canela.Lo alimentó, le dio agua fresca y un rincón tibio para dormir. Lo acariciaba con paciencia, esperando que la confianza floreciera. Pero el perro, acostumbrado al instinto y a la sospecha, no obedecía nunca.Ladraba sin motivo, derramaba los tazones y mordía las…
